Insomnio


Los avances científicos y tecnológicos de nuestra sociedad han permitido esclarecer muchos de los mecanismos que subyacen ocultos en las complejas estructuras de los seres vivos. Hemos llegado a descifrar los elementos básicos del intrincado código genético, los procesos de reproducción celular, las funciones e interacciones de los distintos órganos y hasta los motivos por los que estornudamos cuando comemos una mandarina bajo el fuerte sol del mediodía. Pero hay un órgano que se resiste a ser totalmente develado: el cerebro. Su complejidad supera todavía nuestro completo entendimiento, y es así que hemos ideado y fabricado cada vez más avanzadas computadoras que de una forma u otra no hacen más que tratar de emular su funcionamiento. Hemos formulado abstracciones matemáticas y teorías que intentan poder explicar lo que el cerebro hace, y hasta cierto punto hemos sido exitosos. Pero hay fenómenos que todavía no han podido ser cabalmente explicados y que quizás nos tome un largo tiempo poder hacerlo. El sueño es uno de ellos.
Dormir es una necesidad vital, y si no lo hiciéramos simplemente moriríamos. Todas las aves y los mamíferos lo hacen. Los seres humanos dedicamos aproximadamente un tercio de nuestras vidas a esta actividad y decimos que lo hacemos para descansar. Paradójicamente, el cerebro no descansa, ya que se produce una intensa y compleja actividad durante el sueño. Y si bien son varias las teorías, las más acertadas parecen ser las que de una u otra forma proponen que el cerebro necesita colocarse “fuera de línea” para poder realizar ciertas funciones de mantenimiento que no son posibles durante la etapa conciente. Claramente estas funciones son de vital importancia. Está comprobado que una persona privada del sueño por más de setenta horas se torna altamente irritable, comienza a perder la memoria y su conducta se desestructura. Esto casi he podido comprobarlo en un par de oportunidades –algunos dirían que siempre- en las que por motivos laborales requería terminar un trabajo antes de una fecha determinada lo que me obligó a permanecer despierto y en intensa actividad por casi sesenta horas corridas. Pudiera detallar innumerables sucesos, pero sólo voy a mencionar que pasadas las cuarenta horas de vigilia las alucinaciones son de importancia. El señor que nos mira desde la puerta no está realmente allí, sino que somos nosotros mismos mirándonos. El sonido del ventilador del aire acondicionado se transforma en una vaca (nunca pude explicar porqué) y el cálculo del costo financiero por inmovilización de stock resulta dulcemente poético poco antes del amanecer del tercer día.
Desde la antigüedad nos llegan historias que hablan de intentos por vencer al sueño. Tal es el caso de Gilgamesh –del cual sabemos gracias a las más primitivas tablillas sumerias- quien en su búsqueda de la inmortalidad llegó a dar con Utnapishtim, más conocido como Noé por los occidentales. Utnapishtim conocía el secreto de la inmortalidad, pero no consideraba a Gilgamesh con el mismo derecho que él –héroe del diluvio- para obtenerla, por lo que lo desafió a permanecer despierto por seis días y siete noches. A pesar del inmenso esfuerzo, Gilgamesh no pudo soportar la vigilia continua, y jamás obtuvo el conocimiento de la inmortalidad. Varios milenios más tarde el británico Tony Wright obtuvo el récord mundial de vigilia en 2007. Gracias a una dieta especial y estrictos controles logró permanecer despierto por 266 horas (poco más de once días) sin sufrir daño cerebral permanente. Aparentemente no obtuvo la inmortalidad, pero sus alucinaciones seguramente superaron por lejos a la poesía financiera.
Si bien dormir es un proceso natural, a veces algo falla y el sueño no llega. Esta ausencia de sueño es lo que denominamos comúnmente insomnio. En términos simples y generales, podría definirse el insomnio como la dificultad –y a veces la imposibilidad- de conciliar el sueño a la hora de acostarse. Las causas pueden ser variadas y de distinto origen, pero la más común suele deberse al estrés provocado por problemas en el trabajo, trastornos familiares, sentimentales, dificultades económicas, y otras tantas preocupaciones a las que estamos acostumbrados los humanos. El no poder conciliar el sueño durante mucho tiempo llega a causar múltiples problemas en el individuo. La falta de descanso adecuado, sumada a la ansiedad creciente por no poder dormir, empieza a retroalimentarse para complicar más el cuadro a tal punto que la situación termina agravándose aún luego de haber desaparecido la causa inicial. Comienzan a aparecer consecuencias como falta de concentración, fatiga constante, bajo rendimiento –entre otras- y en algunos casos hasta cuadros severos de depresión.
A las tres de la mañana los problemas se intensifican. Somos capaces de tomar las decisiones más drásticas ya entrada la madrugada. Decidimos renunciar a ese trabajo que nos agobia o abandonar a quien fuera el amor de nuestra vida con tal de detener el sufrimiento. No existen salidas fáciles de la cárcel del insomnio. Y algunos espíritus sin la suficiente fortaleza llegan a desear el final por cualquier medio que esté a su alcance. Si bien no hay estadísticas concretas, es generalmente aceptado que la tasa de suicidios es mayor durante la noche y a la madrugada. “La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas / esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza / y en tu voz sólo un pálido adiós / y el reloj en tu puño marcó las tres…” cantaba Charly en “Viernes 3 AM”. Si bien hablaba de otra clase diferente de “suicida”, sí se refería claramente a un insomne.
Millones de personas sufren de insomnio y buscan desesperadamente combatirlo con los métodos más variados. Sin embargo, sólo unos pocos han llegado a descubrir el verdadero secreto: el insomnio es algo de lo cual podemos sacar ventaja. Hay cientos de ocupaciones que pueden realizarse durante el insomnio. Desde actividades simples como jugar con la Playstation o investigar en Internet hasta cosas más productivas como ordenar la biblioteca o reparar una cerradura. Es también popularmente conocido que la actividad creativa de muchos artistas ocurre mayormente a altas horas de la madrugada.
El insomnio se disfruta mejor con un buen whisky de 18 años y blues clásico. En situaciones de soledad es mejor un single malt, y si bien tanto Albert King como Buddy Guy, Stevie Ray Vaughan o Eric Clapton funcionan perfectamente, un Etiqueta Verde combinado con Robert Johnson sencillamente no tiene comparación alguna.
A veces el insomnio llega en forma repentina y sin aviso. A juzgar por las teorías del sueño, pudiéramos estar en presencia de una situación de cuidado, ya que quizás algún proceso cerebral se esté ejecutando fuera de fase y habría que estar preparados para las posibles consecuencias. Tal es quizás una situación que viví hace tiempo, pero que recuerdo vivamente hasta el día de hoy…

Eran más de las tres de la mañana. Me desperté inquieto, ansioso, preocupado. Hacía calor como todas las noches de aquel enero de 1998 en Buenos Aires, pero no era la temperatura lo que me había despertado. Tampoco era un ruido, ni el viento, ni la sed, ni la falta de aire. La quietud de la noche era total, absoluta. Permanecí inmóvil unos instantes tratando de entender porqué había despertado. No recordaba ningún sueño, no sentía ninguna incomodidad. Me incorporé en la cama como decidido a algo, sólo que no sabía precisamente a qué. Me puse de pie…
Nada.
Nada pasaba, ni autos pasaban, hasta me pareció percibir que ni el tiempo pasaba. Intrigado, caminé lentamente a través de la oscuridad hasta la sala.
Nada.
Decidí salir al balcón y observar la calle, quizás encontraría algo que me indicara el motivo de mi repentino insomnio. No había dado ni dos pasos cuando algo a la izquierda llamó mi atención. Me detuve y volteé la cabeza. En medio de penumbras se divisaba claramente el tenue reflejo de las blancas teclas de mi piano eléctrico, y de alguna manera supe inmediatamente que había encontrado la razón de mi desvelo. No sabía concretamente cuál era el motivo, pero sin lugar a dudas tenia que ver con el piano. Atraído por la curiosidad me senté y conecté los auriculares. No se me ocurría otra cosa más que hacer música. Sin pensar siquiera presioné la tecla “Rec” del secuenciador y comencé a tocar. Mis dedos fluyeron como no lo hacen nunca, y toqué de principio a fin algo totalmente desconocido para mi. Al terminar, presioné "Stop" y apagué el piano. La ansiedad, la preocupación y la inquietud habían desaparecido por completo. Respiré pausadamente y relajado, satisfecho. Permanecí sentado inmóvil y en silencio durante segundos, minutos, no sabría decirlo. El sueño se había apoderando de mi y sin mas vueltas me fui a la cama a dormir.
El hecho habría quedado borrado de mi memoria conciente si no fuera por que semanas más tarde, sin querer, descubrí por accidente que había algo grabado en el secuenciador del piano. Mientras escuchaba las primeras notas llegué a pensar que era un demo de fábrica que se había disparado por alguna combinación de teclas desconocida. Pero a medida que sonaba me di cuenta que no, y que además era muy diferente a la música que solía escuchar normalmente. No fue sino hasta que escuché la pieza por completo que vino una vaga imagen a mi mente y súbitamente recordé aquella noche de insomnio.
¿Sería posible que yo hubiese tocado esa pieza desconocida y extraña para mi? ¿En una tonalidad tan atípica y con arpegios abiertos de acordes extrañamente alterados?
Decidí tocarla y me di cuenta que no podía. No eran notas familiares, y los dedos me quedaban incómodos para esa tonalidad. Tuve que dedicarle mucho esfuerzo y al menos un par de horas hasta poder reproducir más o menos fielmente lo que estaba almacenado en la
memoria del piano. Consideré que la pieza y su origen eran lo suficientemente extraños como para dejar un registro mejor grabado y así lo hice. Un programa de secuencia en una computadora y un grabador a cassette fueron más que suficientes, y con el tiempo olvidé por completo la pieza. Unos meses mas tarde descubrí que no sabía como tocarla, ni siquiera la tonalidad. Apenas una vaga idea de una melodía trunca. A tal punto llegó el olvido que tuve que recurrir al cassette y a un buen rato de práctica para volver a tocarla. Muy extraño en mi, que muy poco o casi nada que realmente me interese escapa completamente de mi memoria. Pero quizás esto no sea lo más extraño. Lo cierto es que este olvido y posterior recuerdo -cassette mediante- sumado a unas horas de práctica ya ha ocurrido varias veces a lo largo de los años. Sin ir más lejos, en este preciso momento no puedo recordarla, ni su tonalidad ni sus acordes ni arpegios. Apenas una vaga idea de una melodía trunca…

Varias intrigas dan vuelta por mi mente respecto de este suceso. He llegado a pensar que jamás compuse esa pieza y que en realidad alguien que desconozco entró a mi casa y la grabó en mi piano sin que yo supiera, aunque quiero creer que es altamente improbable que algo así sucediera. Pudiera ser algo de origen más místico o de un plano paranormal donde alguien o algo me “dictó” la pieza, pero además de que me cuesta creer semejante cosa no entiendo cuál seria el objetivo. Mi mente racional y de ingeniero tiende a adjudicarle algún origen más concreto. Y si las teorías sobre el sueño y lo que se desenvuelve en el cerebro son ciertas, bien pudiera tener una explicación asociada al insomnio.
Si alguno de los procesos cerebrales de mantenimiento que requieren poner al cerebro fuera de línea y que ocurren normalmente durante el sueño, por algún motivo se activó durante mi insomnio aquella noche, entonces quizás fue el causante que desencadenó algo que mi mente conciente no puede procesar. Cualquiera sea el caso, está claro que el insomnio produce consecuencias.

A esta altura no hace falta aclarar que padezco de insomnio. Ni que lo disfruto plenamente…

9 comentarios:

Alejandro Quiroga Alsina dijo... / octubre 31, 2009 3:40 p. m.  

Rodolfo! La hora de la publicación lo dice todo :-)

Qué buena experiencia la que relatás, valiosísima. ¿Será repetible?

Al mismo tiempo cuánto que no sabía respecto del insomnio. Qué cosa loca que alguna gente parece más predispuesta a ¿sufriflo? que otra, sin importar niveles de estrés o cansancio. Muy interesante.

Gracias! Te estaba esperando... ;-)

Abrazo!

Hombres gratinados dijo... / octubre 31, 2009 6:21 p. m.  

Bueno yo quiero un link a esa obra del misterio, mereceria escucharla. Será que el cerebro tenía algo que decir cosa que tu estructura de ingeniero no te permite??? Quien sabe el misterio, pero de algo segura estoy que pocas cosas me ponen de buen humor mas que el buen dormir! Ahora afirmo por qué. Me encantó el relato y la experiencia, un beso grande. Lore

Eugenia dijo... / octubre 31, 2009 8:29 p. m.  

Me pasó que varias noches, después de sueños intensos pero sin importancia aparente para mi vida, me despertaba y no podía volver a consiliar el sueño.
Tratando de encontrar tranquilidad, una noche me acosté dejando al lado de mi cama mi cuaderno y una birome para tatar de descargar en la escritura la ansiedad que me generaban esos sueños inentendibles. Quizá funcionase como en la vigilia cuando el escribir descomprime situacones tensas...
Resultó que esa noche, como las anteriores me desperté, pero sin siquiera prender la luz me puse a escribir y casi sin darme cuenta me quedé dormida.
A la mañana siguiente tenía un recuerdo de lo que había sido el sueño y como siempre no le encontraba sentido.
Pero entonces tenía un registro que me podía dar algún detalle que en los casos anteriores se perdía con el correr de las horas al tratar de recordar lo soñado. Así que me puse a leer lo escrito. Para mi sorpresa lo que leía era mucho, mucho más de lo que recordaba y vaya si era importante! Tanto que fue tema de muchas sesiones de terapia.
A veces hay cosas que tienen que manifestarse y lo hacen por caminos poco comunes porque por algún motivo no las dejamos salir. Igualmente encuentran el modo y ven la luz.
Apoyo la moción de Lore.
Muy bueno lo que escribís!
Eugenia

Omar dijo... / noviembre 04, 2009 3:55 p. m.  

Comparto las experiencias de tantas noches en que me voy a acostar a las 03:00 porque en la mañana hay que levantarse a cumplir las obligaciones. Seguro que son las peores porque, de tanto hacer fuerza para mantener los ojos cerrados, me llega a doler la cabeza, lo cual redunda en un circulo vicioso que es interrumpido por la luz del sol, para ser nuevamente disparado la próxima noche.
También me son muy familiares las noches que habiéndome acostado y tener un sueño muy reparador, me despierto a las dos horas totalmente nuevo, pero sin saber que carajo hacer.
Me alegro que puedas ser productivo en esos casos.
En cuanto al misterio de la canción "con y sin autor", sigo dándole credibilidad a la idea que las creaciones se generan en un inconsciente colectivo (por darle algún nombre). Todo flota en una dimensión que intencionalmente no podemos tocar, hasta que llega alguien, "antena" pongámosle por nombre, que logra sintonizar y materializar esa creación.Hay antenas más receptivas que otras y también se suelen generar disturbios en la propagación de las ondas que hacen totalmente impredecible la recepción de las mismas. A todo ello hay que agregar que el receptor debe tener la capacidad de poder decodificar y llevarlas a la realización (talento) para que los demás podamos verlas (escucharlas en este caso).
Siempre has tenido una gran antena, y de talentos ni hablar. El caso es ¿Cuantas veces dejas encendida la radio? y lo que es más consciente todavía, ¿Cuántas veces te das el permiso para escucharla? ;)
Un gran abrazo!!!

Omar dijo... / noviembre 04, 2009 4:01 p. m.  

Me olvidé en el comentario anterior, ¡Excelente la foto! por lo connotativo y lo denotativo, sumado a una gran pericia técnica. Me gusta más que el texto.

Antonio Sarasua dijo... / noviembre 04, 2009 7:20 p. m.  

Rodolfo: no te sientas presionado, pero me parece que este blog se esta tornando una cosa seria. El ejemplo de Omar (antena-radio) me parece es lo que mejor resume tus cualidades y espero sinceramente que te quede mucha pila en la radio!

Anónimo dijo... / noviembre 08, 2009 6:46 p. m.  

Dos cosas se me ocurren: una, el famoso "inconciente colectivo" enunciado por Jung y con el cual a veces tomamos contacto sin saberlo. Esto es, el inconciente colectivo toma conciencia de sí en la pewrplijidad de la conciencia anónima e individual que no es conciente ni reconoce una melodía sin explicación aparente.
Dos, las famosas "musas" de los antiguos griegos que se servían de los simples mortales (en trance o no) para llenar a este mundo de los frutos del arte....
Impecable tío, como siempre
Armando

PD:Detesto con todas las fuerzas del mundo al insomnio! no puedo , no quiero, no sé trabajar de noche! me llena de angustia....

Marcelo Diaz dijo... / enero 07, 2010 11:56 p. m.  

Hay un tema de Steve Vai que se llama "por el amor de Dios", y dicen que Vai, en un intento de búsqueda, estuvo 3 días sin dormir, tomando solamente agua, y después, en un estado de claridad mental según él, incomparable, escribió ese tema. El tyema es una plegaria, un lamento, desesperación, tortura, soledad...belleza, tan simple como eso, belleza.

Angela Martínez dijo... / marzo 19, 2010 10:04 a. m.  

Simplemente hay que dejarse...fluir.
Son expresiones de nuestra interioridad( a veces oculta en nuestro subconciente)... se llama CREATIVIDAD.